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BMW redefine su identidad visual con la introducción de un emblema renovado, presentado oficialmente junto al nuevo BMW iX3, el primer modelo de producción de la Neue Klasse. A simple vista, el logo puede parecer idéntico al que ha acompañado a la marca durante décadas, pero en realidad se trata de una actualización profunda en términos de lenguaje gráfico, coherente con la nueva etapa tecnológica y estética que atraviesa la firma alemana.

Más que un cambio radical, BMW apuesta por la evolución: una reinterpretación cuidadosa de uno de los símbolos más reconocibles de la industria automotriz.

Un símbolo histórico adaptado a una nueva era

El nuevo logo de BMW conserva su estructura circular y los tradicionales colores azul y blanco que remiten a Baviera, el origen de la marca. Sin embargo, su tratamiento visual responde a una lógica más contemporánea, alineada con el diseño minimalista que define a la Neue Klasse y a los nuevos modelos eléctricos de la compañía.

Esta actualización busca reforzar la identidad de BMW en un contexto donde el diseño debe funcionar tanto en el mundo físico como en entornos digitales. El emblema se integra mejor a superficies limpias, interfaces modernas y nuevos lenguajes visuales, sin perder el vínculo con la herencia de la marca.

El resultado es un logo que no pretende llamar la atención de forma inmediata, sino consolidar una identidad más precisa y coherente con el rumbo actual de BMW.

Menos cromo, más claridad visual

Uno de los cambios más relevantes está en la eliminación de elementos que durante años definieron el emblema. Desaparece el anillo cromado interior que separaba el borde exterior de los cuadrantes azules y blancos, así como las divisiones metálicas internas. En su lugar, el diseño apuesta por superficies más limpias y continuas, lo que aporta una lectura visual más clara y moderna.

El cromo se reduce y se utiliza de manera más contenida, concentrándose en el anillo exterior y en las letras “BMW”, que ahora lucen más delgadas y precisas. Además, el borde negro adopta un acabado satinado, menos brillante, que ofrece una apariencia más sofisticada bajo distintas condiciones de luz.

Este nuevo emblema ya está presente en el iX3, no solo en el exterior, sino también en elementos como el volante y los tapacubos, y se extenderá progresivamente al resto de la gama. Así, BMW consolida una identidad visual unificada, en la que los modelos eléctricos y de combustión comparten un mismo lenguaje, reflejando que la electrificación ya no es una excepción, sino parte central de la marca.

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