Hay un hombre responsable detrás de que el Grupo Volkswagen sea lo que es hoy día: Ferdinand Piëch. Nieto del genial Ferdinand Porsche, Piëch fue criado para grandes cosas, pero nadie habría podido adivinar que él convertiría un par de marcas a punto de quebrar en el conglomerado automotriz más grande del mundo. Piëch murió hace pocos días, a sus 82 años, y en Fuel queremos hacerle un breve homenaje pues, al igual que Lee Iacocca, nuestro garaje soñado estaría a medias sin los aportes de este personaje.

In 1994 Ferdinand Piëch celebrated the anniversary of 15 million Golf in Wolfsburg – he had been Chairman of the Board of Management of Volkswagen AG since 1993.

Corriendo tras los pasos del abuelo:

Sus padres fueron Louise Porsche y un abogado austriaco llamado Anton Piëch. Cuando Ferdinand se graduó de ingeniero mecánico en 1962, su trabajo de tesis sobre el desarrollo de motores de Formula 1 y sus conexiones familiares lo llevaron directamente a trabajar para Porsche. Allí, no demoró en seguir los pasos de su abuelo. A sus 28 años, Piëch fue nombrado jefe de desarrollo del departamento de carreras de Porsche y se estrenó dirigiendo el diseño ultraliviano del Porsche 906 en 1966.

Pocos años después, dirigió el diseño del legendario Porsche 917. Fue Piëch quien más insistió en la creación de este prototipo de carreras que dominaría Le Mans y quien tomó la decisión de construir 25 ejemplares de homologación, una movida tan riesgosa y costosa que obligó a Enzo Ferrari a vender su empresa cuando hizo lo mismo para poder competir. En 1972, el 917 era el carro de carreras más exitoso del mundo y Piëch se trasladó a una compañía relativamente pequeña: Audi.

Cuatro anillos, un líder

Para la época, Audi todavía era una subsidiaria de Volkswagen que apenas estaba haciendo sus primeros pinitos como fabricante con el Audi 100. Piëch, como gerente de tecnología e ingeniería, lideró grandes cambios en la compañía que rápidamente la llevaron a hacer lo que Volkswagen nunca pudo hacer: pelear de tú a tú con Mercedes-Benz y BMW.

A finales de los 70, Piëch llevó a Audi a nuevas alturas apostándole al Audi Quattro, ese monstruo que devoró el mundo del rally con su motor cinco cilindros turbo y demostró de qué era capaz la compañía. En 1993, tras lograr que Audi se estableciera como un fabricante de carros elegantes y dinámicos, Piëch pasó a Volkswagen como presidente.

Es difícil imaginarlo ahora, pero en esa época Volkswagen estaba a tres meses de la total bancarrota. Tan radical fue el cambio en Volkswagen que pocos años después adquirió marcas del tamaño de Bentley, Lamborghini y Bugatti cuando estas estaban pasando por tiempos difíciles. Con el tiempo, llegarían los dos más grandes logros de Piëch: la compra de Porsche y el Bugatti Veyron.

16 cilindros de tradición familiar

No me puedo imaginar cómo se debió sentir recuperar una compañía en crisis hasta el punto de poder comprar la compañía fundada por mi abuelo y para la que yo antes trabajaba haciendo carros de carreras, pero exactamente eso hizo Ferdinand Piëch. En 2009, con él como presidente de la junta directiva, Volkswagen empezó a comprar acciones de Porsche y en 2012 absorbió por completo al fabricante de Stuttgart.

Casi como si estuviera celebrando este hecho, Piëch fue el principal apoyo detrás del proyecto del Bugatti Veyron 16.4: un carro sin precedentes en la historia en cuanto a desempeño y tecnología que demostró el potencial del grupo Volkswagen. Curiosamente, el Veyron estaba propulsado por un motor de 16 cilindros, igual que en los Auto Union que diseñó el abuelo de Piëch. Y aunque se rumora que Volkswagen perdía dinero con cada Veyron vendido, nadie puede negar que su impacto en la industria fue tan colosal como el de Piëch.

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