Aunque históricamente, el Salón de Ginebra ha sido considerado como terreno neutral para las marcas de carros, es el lugar donde los fabricantes galos brillan con más fuerza y en la versión 2019, Bugatti se encarga de no faltar a esa regla implícita gracias a un hiperauto que puede ser el más exclusivo del mundo, ya que es un ejemplar único o “one-off” de precio inalcanzable para el 99.99% de la humanidad.

Para entender un poco del porque la firma de Molsheim presenta un coche así, debemos remontarnos a los felices años 30, cuando la marca construyó los 4 ejemplares del absurdamente bello y famoso Type 57 SC Atlantic, diseñado por Jean Bugatti, hijo de Ettore. Ese cupé deportivo de lujo con motor de 8 cilindros en línea, 3.257 c.c. y supercargador tipo Roots equipaba una carrocería más baja que en los Type 57 “de serie”. Tal carrocería estaba estampada en dos mitades que no fueron soldadas, sino remachadas en una nervadura dorsal con técnicas de aviación de la época, característica sensacional para la época.

De esos 4 ejemplares, 3 sobreviven en colecciones privadas como las de Ralph Lauren y Peter Mullin, sin embargo, el auto con chasis número 57453, conocido como “La voiture noire” o El auto negro, construido en 1936, desapareció misteriosamente en algún momento entre 1938 y 1941. De ser encontrado, este mítico auto costaría una gran fortuna. Ese es el automóvil que Bugatti homenajea en el salón suizo, otorgándole su nombre y varias características nostálgicas.

Los ingenieros franceses tomaron el chasis de un Chiron y lo vistieron con una reinterpretación moderna del Bugatti Atlantic, con una carrocería de una sola pieza moldeada a mano en fibra de carbono, completamente negra y con una nervadura ventral muy evidente, similar en apariencia a la del auto perdido. El resto del diseño trata de seguir líneas clásicas y de suave ejecución, con pocos ángulos, luces LED integradas de forma elegante en los arcos de rueda delanteros, los costados con forma de “C” e incluso una parrilla frontal de herradura aunque sin cromo. Gracias a la nostalgia -y a varias sesiones en el túnel de viento- las líneas se han suavizado, logrando un auto más elegante que dramático.

La parte trasera es completamente diferente, ya que los arcos de rueda traseros se unen con el capó motor discretamente agujereado para terminar abruptamente en una delgada línea LED que recorre de lado a lado y corona el enorme logotipo con las letras BUGATTI suspendidas sobre una linda malla. Bajo esa expresión de estilo neoclásico, 6 enormes tubos de escape dispuestos de forma horizontal como los que ostenta el Atlantic y un difusor de efecto suelo completan el conjunto.

Aunque las enormes ruedas tienen un hermoso diseño que parece abrazar en ciertos puntos los costados de las llantas, descubren unas enormes mordazas de freno en un discordante y no muy elegante color azul. Nadie es perfecto, ¿verdad?

En medio del auto, bajo el capó, permanece el poderoso motor de 16 cilindros en W de 8 litros y 4 turbos que se puede encontrar en las versiones “normales” del Chiron, lo que significa que a disposición del pie derecho hay 1.500 HP y unos descomunales 1.600 Newton/metro de torque transmitiendo la potencia a las 4 ruedas y todo el desempeño de hiperauto al que ya nos tiene acostumbrado Bugatti.

Este auto, que con su sola existencia ya hace parte de la historia automotriz, no sólo es inconmensurablemente bello y veloz más allá de los sueños, sino que se perfila como el coche nuevo más costoso del mundo: €11 millones, US$12.5 millones o $38.800 millones de devaluados pesos colombianos. Y ese valor no incluye los impuestos…

Ah, ¿y la inaccesibilidad para el resto de la humanidad de la que hablaba al principio? Si, bueno… El Bugatti La Voiture Noire ya tiene dueño, el que se presume que es el mayor (y más rico) entusiasta de la marca gala; aunque publicaciones como Bloomberg afirman que el dueño es Ferdinand Piëch, nieto de Ferdinand Porsche, ex presidente del Volkswagen Auto Group, artífice del relanzamiento de Bugatti como empresa moderna, ingeniero y coleccionista. Vaya forma de Bugatti para celebrar 110 años de existencia, con un auto tan exclusivo que hace ver al Chiron como un vulgar carro de producción en masa.

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