Lamborghini Diablo

Érase una vez un toro de lidia tan salvaje y bravío que se ganó el nombre de El Diablo. El 11 de julio de 1869, el matador José Lara Jiménez “Chicorro” se enfrentó con “El Diablo” en una batalla legendaria que quedó marcada en la historia de la tauromaquia. Más de un siglo después, Lamborghini estaba buscando crear un superauto para reemplazar al Countach. Su tradición taurina los llevó a la historia de “Chicorro” y ahí se dieron cuenta del nombre que debían ponerle a su siguiente buque insignia. Así nació la idea del Lamborghini Diablo.

Los de Sant’Agata Bolognese querían materializar el salvajismo y la bravura de aquel toro en un superauto. Querían crear algo que superara al Ferrari F40 en fuerza bruta y que se robara las miradas al verlo pasar. Así que Marcello Gandini fue el encargado de diseñarlo, aunque no pudo terminar el trabajo. En ese entonces Lamborghini pertenecía a Chrysler, así que las directivas decidieron que el trabajo lo terminara el Chrysler Styling Center en Detroit. Ellos modificaron el diseño original de Gandini para hacerlo menos extremo, lo que decepcionó al diseñador italiano y decidió usar su boceto original para darle vida al Cizeta-Moroder V16T.

Cizeta-Moroder V16T
Así pudo haberse visto el Diablo si Chrysler no hubiera intervenido. Este es el Cizeta-Moroder V16T.

Un toro de respeto

La versión final del Lamborghini Diablo se presentó en 1990, durante el Salón del Automóvil de Ginebra. Aunque su diseño era menos extremo, conservó las intenciones de ser salvaje y bravío con un manejo desafiante y desprovisto de ayudas a la conducción, incluyendo los frenos ABS. De hecho, ni siquiera tenía comodidades básicas como vidrios eléctricos o reproductor de CD para mantener el peso lo más bajo posible. Aun así, costaba 239 mil dólares americanos de la época, pero ¿por qué?

Podría ser por el motor V12 a 60° de 5,7 litros que en ese entonces generaba 485 HP y 580 Nm de torque. Recordemos que esto fue antes de que el Grupo Audi comprara Lamborghini, así que toda esa potencia iba directamente a las ruedas traseras. Aunque el manejo fue desarrollado por el ex piloto de rally Sandro Munari, se hizo conocido por ser inestable y rebelde. Además, el calor del escape derretía las luces traseras y las piezas plásticas alrededor.

Domando la bestia

Para 1993, Lamborghini le dio al Diablo más lujos y le quitó algo de extremismo con la versión VT. Era más civilizado en la calle gracias al sistema de tracción integral. También incluía comodidades como vidrios eléctricos y frenos ABS, mejoras que también llegaron a la versión RWD. Ese mismo año también se presentó una versión especial denominada SE30 por los 30 años de la compañía y los celebró con un aumento de potencia hasta los 523 HP.

Lamborghini Diablo

La versión SV del Lamborghini Diablo que se presentó en 1995 disponía de 503 HP con tracción trasera. También traía un alerón ajustable, entradas de aire frontales y un manejo revisado. Ese mismo año también presentaron al VT Roadster, el primer Lamborghini descapotable de 12 cilindros fabricado en serie.

Llegaron los alemanes

En 1999, el Grupo Audi compró Lamborghini y de inmediato le dieron una actualización al Diablo. El primero en actualizarse fue el SV con un facelift que eliminó los faros retráctiles y revisó las líneas generales del auto. El VT y VT Roadster también siguieron por el mismo camino, aumentando su potencia hasta los 529 HP y 605 Nm. Las cosas se pusieron más interesantes cuando comenzaron a llegar las versiones especiales como el GT, el GTR, el SVR y el 6.0. Este último subió su cilindrada hasta los 6 litros y la potencia se ubicó en los 567 HP y 630 Nm de torque.

El Lamborghini Diablo 6.0 fue una despedida por lo alto, pues se fabricó en el 2001 y en ese mismo año su producción se detuvo para darle paso al Murciélago. Al ser el más producido por los del Sant’Agata Bolognese con más de 2900 unidades, el Diablo se ganó su lugar en la historia como un toro icónico, a la altura del F40 y del 911.

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