Usualmente asociamos a Mazda con el desempeño y el buen manejo; sin embargo, en su historial hay pocos modelos que podamos calificar como realmente deportivos, además de los cupés RX-7 o RX-8 y la saga de los roadsters MX-5. Y ahí, es donde descubrimos un modelo mítico para los fanáticos de los hot-hatch: el Mazda 323 GTX 4WD.

Para eso, hay que devolvernos hasta 1985, cuando debutó a nivel global la quinta generación del Mazda 323 (BF), un modelo bastante conocido en el país por ser un práctico y confiable transporte familiar. En sus distintas versiones, fue el pilar comercial de la extinta CCA (Compañía Colombiana Automotriz) gracias a una longeva vida comercial, a tal punto que durante muchos años ostentó el récord de ser el auto más vendido en la historia de Colombia. 

De todas ellas, el Mazda 323 Coupé se ganó un lugar en los garajes de muchos colombianos, no solo por su asequible precio, sino también por su apariencia juvenil, así bajo su capó tuviera un tranquilo motor de 1,3 litros (primero carburado y luego de inyección). Sin mayores aspiraciones deportivas en el país, ese auto fue la base sobre la cual los ingenieros japoneses crearon un sensacional hot-hatch, homologado para correr los rallyes del Grupo A.

Motor DOHC + Turbo + 4×4: La receta de moda

A mediados de los años 80, cualquier fabricante que se preciara de tener un hatchback de alto desempeño tenía que hacer del máximo alarde tecnológico posible y la casa nipona no escatimó en gastos. Así, el Mazda 323 GTX 4WD empezó su receta de transformación con una trocha más ancha, estructura más rígida y una suspensión 100% independiente, a lo cual se sumaban spoilers, un capó abombado y llamativos letreros con todas las siglas habidas y por haber.

Bajo el capó estaba el nuevo motor B6 de cuatro cilindros, 1,6 litros, 16 válvulas y doble árbol de levas (similar al de los MX-5 NA), pero equipado con un turbocargador e intercooler. Una caja mecánica de cinco cambios y un sistema de tracción 4WD (con bloqueo 50:50) se encargaban de administrar los 140 caballos de potencia y 186 Nm de torque del motor en su especificación japonesa, pues los autos para Estados Unidos entregaban 132 hp y 184 Nm.

De esta manera, el inocente hatchback de tres puertas era capaz de medirse con lo más granado del segmento en aquella época, pues el motor B6T impulsaba los 1.035 kilos del auto (era “algo pesado” por culpa del 4×4) hasta 209 km/h de velocidad máxima, registrando un tiempo de 0 a 100 km/h de 8,3 segundos. No podían faltar unos bonitos rines de aleación de 14 pulgadas, sillas Recaro, opción de tablero digital y hasta techo corredizo eléctrico.

¿Se puede preparar aún más “picante”?

Pero allí no termina la historia de este auto. Como el interés de Mazda era competir en los rallyes del Grupo A, creo una versión de homologación especial que solo se vendió en Japón. Se trata del Mazda 323 4WD GT-Ae, que agregaba un diferencial posterior de deslizamiento limitado y cambios en el turbo y el colector de admisión, para entregar 150 hp y 196 Nm de torque. Sin embargo, los Mazda 323 de competencia eran aún más potentes.

Con ellos se lograron resultados notables entre 1985 y 1989 en el Campeonato Mundial de Rallyes, como la victoria en el Rallye de Suecia 1987, superando a los Lancia Delta y otros rivales del momento. Y a pesar de venderse en pocas cantidades, el Mazda 323 GTX 4WD salió de Japón y ganó adeptos en Estados Unidos y Europa; incluso se llegó a vender en carrocería sedán. Es una pena que las condiciones de la época nos hayan privado de este bólido.

Iniciando los años 90, llega el Mazda MX-5 para revivir la pasión por los roadsters, el Mazda RX-7 se perfila como un modelo de referencia entre los autos deportivos y también aparece una nueva generación del Mazda 323, modelo que siguió su evolución, junto con sus versiones deportivas GTX y GT-R. Pero eso ya hace parte de otra historia. 

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