Sir Stirling Moss
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Un día un policía paró un vehículo que iba con exceso de velocidad. Le preguntó sarcástico al infractor, “¿Usted se cree Stirling Moss, o qué?”, y lo último que esperaba el agente era que el conductor le respondiera que sí. Anécdotas similares abundan en la larga e ilustre vida de Sir Stirling Moss, una leyenda del automovilismo que tristemente murió hoy a sus 90 años. Cabe aclarar que, según la BBC, Moss murió a causa de una enfermedad que lo aquejaba desde hace rato, nada relacionado con la pandemia actual del coronavirus.

Nacido para correr

La anécdota del policía no solo fue real, sino que muestra cómo el nombre de Moss se convirtió en sinónimo de velocidad para toda Inglaterra. Para 1962, momento en que se retiró del automovilismo profesional, Moss había corrido 66 grandes premios, de los cuales ganó 16. Quedó segundo en el campeonato cuatro años consecutivos (1954-1958) y tercero tres años seguidos (1959-1961). Sin embargo, llamarlo un campeón sin corona, como han hecho muchos, es desconocer buena parte de su legado. Curiosamente, ese título le hacía gracia a Moss: le daba exclusividad, decía él.

Sir Stirling nació en septiembre de 1929, hijo de un dentista que había corrido las 500 millas de Indianápolis y una mujer que corría premios de montaña antes de la guerra. Su hermana, Pat Moss, también se convertiría en piloto de rallies. Moss llevaba las carreras en la sangre y para el momento de su retiro, a escasos 32 años, su palmares incluía victorias en carreras legendarias como las 12 horas de Sebring y las 12 horas de Reims. También conquisto la francamente épica Mille Miglia en tiempo récord junto a su copiloto, el igualmente legendario periodista Denis Jenkinson. Y todo eso en la época que los carros calzaban llantas del grosor de la muñeca y un DNF usualmente iba acompañado de un QEPD…

Un caballero sin importar el título

Cuando Moss se retiró, después de recuperarse milagrosamente de un accidente que pudo ser fatal, el público lo recibió como toda una celebridad. Y es que era todo un personaje, en el mejor sentido de la palabra. Aún antes de ser nombrado caballero por el Principe Carlos, Moss era reconocido por todos como un caballero. En 1958, por ejemplo, Moss se opuso a que la FIA descalificara a Mike Hawthorne en la última carrera del año: hizo lo que haría todo un caballero, aún cuando eso le representó perder el campeonato mundial por un punto. Así era Sir Stirling Moss, ese era el automovilismo de la época.

Pese a que deseaba seguir compitiendo más allá de los 40 años, como su gran rival Juan Manuel Fangio, Moss tomó la decisión prudente de retirarse tras su accidente en 1962. En un giro macabro del destino, Hawthorne murió al año siguiente. Sin embargo, Moss siguió participando en exhibiciones y corriendo eventos amateur a toda velocidad hasta sus 81 años, momento en el que volvió a escuchar la voz de la prudencia tras un susto que no pasó a mayores. Hoy el mundo entero recuerda sus grandes hazañas y, sobre todo, su actitud. Hoy todos los aficionados y amantes del automovilismo le decimos adiós a un caballero dentro y fuera de las pistas.

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