mejores muscle cars 60

Había una época en que la gasolina era barata, las minifaldas causaban furor y el salario mínimo alcanzaba para comprar un carro de carreras. Esta época loca duró poco y solo se vivió en Estados Unidos, pero su encanto todavía enamora: los 60, cuna de los mejores muscle cars. Y es que, admitámoslo, todos los aficionados a los motores tenemos un lugar en nuestro corazón para un clásico deportivo estadounidense con un potente motor V8.

Es por esto que cada miembro del equipo de Fuel Car Magazine eligió su muscle car favorito para crear esta lista que incluye un par de sorpresas y algo de nuestra personalidad. Esperamos que sea de su agrado y le ayude a imaginar esos buenos viejos tiempos en que la gasolina traía plomo y cada semáforo era una pista de carreras. Conste, tuvimos que dejar por fuera algunas joyas porque de lo contrario este artículo no acabaría nunca.

Studebaker Avanti

mejores muscle cars 60

Muchos dirán que el Studebaker Avanti no es propiamente un muscle car debido a su relativamente alto costo. Es más, algunos tal vez ni recuerden el nombre Studebaker, pero el Avanti es una leyenda que en más de un sentido inauguró la época dorada de la industria automotriz estadounidense. Su carrocería en fibra de vidrio, diseñada por el genial Raymond Loewy, introdujo el diseño tipo botella de Coca-Cola; un estilo que influyó fuertemente en casi todos los muscle car por venir.

Propulsado por un motor V8 supercargado de 289 pulgadas cubicas que producía 400 caballos de potencia, un Avanti R3 original de 1963 alcanzó los 275 km/h en las salinas de Bonneville. Y aunque su precio de casi cinco mil dólares era considerado algo premium para la época, hoy día eso traduciría unos escasos 41.000 dólares ajustados a la inflación. Tristemente el Avanti coincidió con el declive de Studebaker, pero la idea de un deportivo americano con motor potente y a un precio asequible había llegado para quedarse.

Pontiac GTO

Mejores muscle cars 60

Poco después del Avanti llegó lo que para muchos es el primero y uno de los mejores muscle cars de los 60: el Pontiac GTO. En 1964 General Motors tenía una estricta política de cero automovilismo y solo permitía la instalación de motores grandes en vehículos grandes. Un día, cierto fulano llamado John Delorean y su equipo decidieron saltarse las normas e instalaron un V8 de 6.375 cc en el relativamente compacto Pontiac Tempest. Inicialmente, para burlar las restricciones internas de GM, el GTO se ofreció como un paquete opcional para el Tempest y así nació el muscle car favorito de nuestro redactor William Puentes.

Por miseros 295 dólares adicionales, 2.462 dólares de hoy día, el modesto Tempest recibía un motor que rendía 325 HP y 350 HP equipado con los carburadores triples Rochester opcionales. Para 1966 el GTO se convirtió en un modelo independiente y para 1968 Pontiac presentó una segunda generación con un motor todavía más grande, 455 pulgadas cúbicas, que rendía hasta 370 HP. De la tercera y cuarta generación mejor ni hablar aunque, en 2004 el legendario nombre GTO revivió con algo de dignidad antes de que la marca cesara operaciones.

Plymouth Superbird

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Chrysler fabricó algunos de los mejores muscle cars de los 60, pero este es probablemente el Mopar más extremo de la época: el Plymouth Superbird de 1970. En 1969 Richard Petty, legendario piloto de NASCAR, dejó Plymouth para competir bajo la bandera de Ford y Chrysler respondió creando un nuevo modelo únicamente para volver a enamorar a su piloto estrella. El resultado fue el Superbird, un especial de homologación basado en el Plymouth Road Runner. No resultó ser un buen año para Petty, pero el Superbird resultó ganando 21 de las 48 carreras esa temporada.

Un poderoso motor Hemi de 426 pulgadas cúbicas propulsaba este bólido y un ENORME alerón trasero de 584 milímetros proporcionaba estabilidad a altas velocidades. Esta combinación no solo ganó carreras sino también fanáticos como nuestro redactor Aldair Anaya quien eligió al Superbird para esta lista. Se fabricaron apenas 1.935 Superbirds y solo 135 unidades fueron equipadas con el motor Hemi, esto debido a su alto costo y a que NASCAR prohibió los aero-cars a finales de 1970. Hoy día el Superbird sigue siendo reconocido por los exorbitantes precios que alcanza en subasta y por aparecer en la película Cars con la voz del mismísimo Petty.

Ford Fairlane Thunderbolt

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¿Cuánto pagaría usted en pleno 2021 por un carro cero kilómetros, con casi 600 caballos de potencia y capaz de hacer el cuarto de milla en 11 segundos? En 1964 semejante rendimiento podía ser suyo por la módica suma de 3.900 dólares (el equivalente a $32.560 de hoy) gracias al brutal Ford Fairlane Thunderbolt. No traía radio, alfombras, espejos, aislante de ruido, calefacción o llanta de repuesto. Lo que sí traía era piezas en fibra de vidrio y los asientos rudimentarios de una Ford Econoline. Ah, y un enorme motor 427 con dos carburadores Holley de cuatro venturis.

Este motor rendía 425 HP aunque estimados extraoficiales apuntaban a casi 600. Era prácticamente el mismo motor usado por Ford en sus carros de NASCAR, pero trasplantado del corpulento Galaxie al relativamente compacto Fairlane. Ford literalmente vendía en sus concesionarios el mismo carro que ganó el campeonato de piques Super Stock de la NHRA en 1964. Y lo mejor, a un precio de ganga considerando el salario mínimo de la época. El Fairlane Thunderbolt, para mí, representa la esencia de los muscle cars y por eso es mi favorito aún entre los mejores de los 60.

Chevrolet Camaro

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A mediados de los 60 los directivos de General Motors seguían reticentes a entrar al mercado de los muscle cars, pero cambiaron de opinión al ver las ventas del GTO y sus rivales. La respuesta de GM al Ford Mustang y el Plymouth Barracuda fue demorada, pero implacable: el Chevrolet Camaro. Al igual que los ponu cars de Ford y Plymouth, el Camaro unía una carrocería deportiva con una amplia gama de motores que iba desde un modesto seis cilindros hasta motores realmente potentes. Fue así que surgieron siglas legendarias como SS, RS, Z28 y la más poderosa de todas: ZL1.

Esta versión fue presentada en 1969 como un paquete opcional para los adictos al 1/4 de milla, similar al Fairlane Thunderbolt, y su enorme motor 427 fabricado enteramente en aluminio producía unos 550 HP. Los 70 le pasaron factura al Camaro, pero de una forma u otra este modelo sobrevivió hasta hoy día para convertirse en un ícono. Es por esto que el Camaro es el muscle car favorito de nuestro codirector, Mauricio Alarcón, y hay uno estacionado en las oficinas de Fuel.

Pontiac Firebird

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El Camaro, sin embargo, no fue el único purasangre en el establo de General Motors. Chevrolet empezó a instalar motores grandes en el Chevelle, el Malibu y hasta en el El Camino, Oldsmobile sacó el imponente 442 y Pontiac respondió con un su propio pony car: el Firebird. Era el hermano del Camaro: ambos compartían la misma plataforma F-Body y podían equipar motores de seis u ocho cilindros. Y, al igual que el Camaro, algunos de estos motores tenían su origen en el mundo de las carreras. Así las cosas no sorprende que haya sido la elección de David Alarcón, codirector de Fuel.

El primer Firebird llegó al mercado en 1967, pero su popularidad se disparó en 1970 con el lanzamiento de una segunda generación. Su carrocería no solo era más distintiva y ruda, también estrenaba las calcomanías del screaming chicken que identificarían este modelo por décadas. Ya sabe, ese ave fénix en el capó que decoraba el Firebird que acompañó a Burt Reynolds en Smokey & The Bandit. Lastimosamente, esa película se estrenó en 1977 cuando el Firebird a duras penas pasaba de los 200 HP, pero un Trans Am Ram Air IV como el de las imágenes no tenía problema en 1970 para marcar más de 350 HP.

Ford Mustang

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No podíamos olvidar al deportivo estadounidense más famoso del mundo, ese que todo el mundo conoce. Los aficionados reconocemos fácilmente nombres como Charger, Rebel o Barracuda, pero ninguno resuena tanto como Mustang. Y aunque empezó su vida como un pony car, el éxito comercial llevo a que Ford instalara en el Mustang enormes V8 para competir con los mejores muscle cars de los 60. El primer facelift del Mustang llegó en 1967 y trajo consigo enormes motores de 427 pulgadas cubicas como el famoso Cobra Jet que propulsaba al Shelby Mustang GT500. En 1969 Ford presentó otro facelift y, con él, el Mustang más potente de la época: el Boss 429.

Esta exótica variante, como su nombre indica, equipaba el mismo motor 429 con cámaras de combustión hemisféricas que utilizaba Ford en sus carros de NASCAR. Era un motor tan extremo que no utilizaba empaques de culata y, aún equipado con un carburador restrictivo para la versión de calle, producía 380 HP según estimados conservadores. En su época el Boss 429 costaba casi $5.000, el equivalente a $33.000 en 2021, y Ford perdió dinero con cada una de las 1.358 unidades vendidas. Atrevido, potente, relativamente barato y con pedigrí de carreras: ¿qué más le puede pedir uno a un auto?

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