BMW 218i Gran Coupé

Lo admito, a veces los puristas podemos ser insufribles. Algunos aficionados hardcore de BMW, por ejemplo, jamás considerarían que un carro con motor tres cilindros turbo y tracción delantera sea un verdadero BMW. Sin embargo, después de unos buenos cientos de kilómetros manejando el nuevo BMW 218i Gran Coupé, creo que esa opinión es tan injusta como equivocada. El 218i tiene sus pros y sus contras, como todo carro, pero cumple cabalmente su propósito de ser un compacto urbano cómodo y eficiente. Sí, es uno de los miembros más pequeños de su familia, pero definitivamente es un BMW; así le duela a los puristas más intransigentes.

Controversial por fuera, confortable por dentro

Pese a tener cuatro puertas, la línea del techo en el 218i cae hacia atrás de manera pronunciada; de ahí que su fabricante lo considere un Gran Coupé. El frente es imponente, en parte gracias a las hermosas farolas LED, pero la estampa lateral y la sección trasera pueden resultar controversiales para algunos. Eso sí, el carro atrae miradas por donde uno vaya: es de esos diseños que uno puede amar u odiar, pero no ignorar. A mí me gustó, es un estilo de carrocería que se ve mejor en persona, pero tiene sus desventajas como veremos más adelante.

Por dentro, el 218i es todo lo que uno esperaría de un BMW salvo por algunos detalles que arruinan la magia. El timón, puntualmente, es un lunar en un interior casi perfecto: forrado en cuero, perfectamente ergonómico, pero con desagradables tapas plásticas que intentan imitar una superficie metálica. Los demás controles se sienten mejor, son intuitivos y están al alcance de la mano. Sentarse en los asientos delanteros es todo un placer, son cómodos y están cubiertos en un material agradable a la vista y al tacto. El techo panorámico y la iluminación ambiental, entre otros, contribuyen a la atmosfera premium.

Esa sensación se mantiene atrás, aunque lamentablemente el diseño Gran Coupé afecta el espacio para los pasajeros. Los asientos son tan cómodos como adelante, pero el espacio es apretado para cualquiera que mida más de 1,80 y las personas más altas resultarán con la cabeza contra la tapicería del techo. Siendo realistas el 218i Gran Coupé es un cuatro asientos, la quinta plaza tiene todavía menos espacio para la cabeza y el espaldar es demasiado duro. Aparte de estos detalles, la cabina es una burbuja: insonorizada y confortable, perfecta para pasar las horas en un trancón o un paseo.

No es un deportivo, pero…

Hablemos ahora de la conducción, eso que preocupa tanto a los puristas. No perdamos de vista que el BMW 218i está diseñado como un carro citadino. No es un deportivo, pero aún así puede resultar bastante divertido de manejar. Los 140 HP de su motor tres cilindros son más que suficientes para alcanzar fácilmente los absurdos limites de velocidad bogotanos y sigue jalando después de pasar los 210 km/h. Este desempeño se debe, en buena medida, a la transmisión Steptronic: sus siete velocidades permiten exprimir al máximo los 220 Nm de torque del motor. El conjunto motriz varía su comportamiento dependiendo del modo de manejo, acomodándose a una conducción deportiva o una más eficiente.

La respuesta en modo Sport es ágil, sobre todo con la caja en modo manual. En el modo Eco, el acelerador es menos sensible, los cambios son sumamente suaves y el sistema Start/Stop interviene constantemente, pero de manera casi imperceptible. En términos de consumo, promedié 12,45 litros/100 km; cifra considerablemente mayor a las oficiales. Sin embargo, esto fue culpa de los clásicos trancones de Bogotá cuando llueve y, sobre todo, de mi conducción exigente en carretera. En los tramos que manejé de manera conservadora, el 218i estuvo alrededor de los 5.4-5.7 l/100 km que promete la ficha técnica. Es posible ver cifras incluso mejores en carretera, con el modo Eco y resistiendo la tentación de acelerar.

Hablando de conducir en carretera, debo decir que la suspensión, la dirección y los frenos de este carro son típicamente BMW. Un colega sintió la suspensión un poco dura, probablemente debido a las pesadas llantas runflat, pero a mí me pareció muy bien balanceada. En ciudad absorbe la mayoría de imperfecciones con aplomo y en carretera se siente perfectamente estable y plantada. Con el control de tracción desactivado hay una tendencia al subviraje en curvas a alta velocidad, pero es bastante manejable. La dirección es ágil y precisa, pese a ser electromecánica, y los frenos son brutalmente efectivos. Mi única queja sobre los frenos es la casi total ausencia de retroalimentación en el pedal, pero eso no niega su efectividad.

Un BMW pequeño no deja de ser un BMW

Como todo BMW que se respete, el 218i Gran Coupé está cargado de tecnología. Complementando su buen chasís encontramos una larga lista de equipamiento de seguridad que incluye 6 airbags y un asistente de frenado. Las dos pantallas son informativas y claras, el aire acondicionado es bastante efectivo y el sistema de sonido suena muy bien. El sistema iDrive ha mejorado, pero todavía tiene muchas falencias y se extraña MUCHO la integración de Android Auto que todavía no llega a Colombia. Afortunadamente la sincronización por Bluetooth es sencilla y confiable. En resumen: es un carro urbano cargado de tecnología, cómodo, con un buen chasís y un motor divertido; podrá ser pequeño, pero no deja de ser un BMW.

El BMW 218i Gran Coupé es un carro con muchas bondades, sin embargo tiene un problema difícil de ignorar: el precio. Con un costo de COP$141.900.000, está ensanduchado en un lugar incomodo. Treinta millones menos alcanzan para la versión más equipada de un Mazda 3, treinta millones más compran un Audi S3. Y, por alrededor del mismo precio, Audi ofrece el A3 con un motor 2.000 cc de 190 HP. Dicho eso, si usted se inclina más por el diseño y el caché del BMW, no está tomando una mala decisión. Ignore a los puristas insufribles, es un buen carro: es la muestra perfecta de que lo cortés no quita lo bávaro.

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