¿Qué se puede decir sobre un vehículo que, con más de sesenta reconocimientos en su haber, es considerado el más premiado en los últimos años? Con un 0-100 km/h declarado de apenas 4,8 segundos, definitivamente no puede decirse que el Jaguar I-Pace es lento y nadie con el don de la vista y el buen gusto puede decir que es feo. Pero todo esto probablemente usted ya lo sabía y está acá para que le diga cómo se siente manejar el nuevo SUV eléctrico de Jaguar. Y cómo se siente en Bogotá, en nuestra realidad cercana, no en Laguna Seca (donde el I-Pace tiene el récord de vuelta para vehículos eléctricos) o una ciudad europea con calles perfectas. Afortunadamente, fuimos el primer medio en país en tener el I-Pace para nosotros solos, así que entremos en materia.

Callum, you’ve done it again…

Empecemos por la percepción que primero nos llega al cerebro: la vista. El exterior del Jaguar I-Pace combina magistralmente las proporciones de un SUV y las esbeltas líneas que caracterizan el lenguaje de diseño de Jaguar. Este diseño es obra de nadie menos que Ian Callum; el responsable del prototipo original del I-Pace, del Ford RS200, el Nissan R390, el Jaguar XK y el F-Type. Puros mamarrachos, estará de acuerdo. Es espectacular: recubierto en color Azul Cesio, la estampa del I-Pace es absolutamente impactante. No solo por su tamaño, sino todo lo contrario.

Se ve compacto, hasta deportivo, pese a medir 4,6 metros de largo y más de metro y medio de alto. El frontal es imponente y agresivo, la línea del techo cae hacia atrás evocando a un coupé y corre junto a una cadera esbelta bajo la línea de las ventanas. Mi única queja es la altura entre las ruedas y el guardafango, pero esto es algo inherente al tratarse de un SUV. Ese es el único detalle contrario a la imagen deportiva del resto del exterior, aparte de eso: es todo un Callum, una obra maestra.

Est. 1935, Jaguar, Coventry

Con un toque de la llave inteligente emergen las manijas de la carrocería y pasamos ahora al interior del I-Pace. Midiendo 1,85 de alto, lo primero que hago siempre que me subo a un carro es mandar toda la silla para atrás, cosa que a veces se me complica con los asientos de ajuste eléctrico. Afortunadamente, los controles de los asientos del I-Pace son sencillos e intuitivos a diferencia de los empleados por otros fabricantes. La verdad sea dicha, incluso mandando el asiento hasta donde no dio más, sentí que me hacían falta algunos centímetros. Esa, sin embargo, es la única crítica que puedo hacer del interior.

Jaguar I-Pace

Por lo demás, el espacio dentro del I-Pace es tan agradable como cabría esperar de un Jaguar. Elegante sin ser opulento; con detalles y juguetes por doquier, pero sin verse recargado. La atmosfera interior está dominada por el tablero y este a su vez por una pantalla de 10” para el sistema de entretenimiento. Debajo de esta, hay otra pantalla de 5” para el control climático, ambas responden al tacto y son perfectamente intuitivas. Otra pantalla de 12,3” hace las veces de panel de instrumentos, mostrando la información vital detrás del timón.

¡Ah, ese timón! Compacto, deliciosamente ergonómico y con el inconfundible Leaper en la bocina. No importa que el I-Pace se fabrique en Austria, en la fabrica de Magna Steyr: tal como lo dicen las coquetas marquillas en sus sillas de cuero suave, tiene todo el estilo que desde 1935 ha caracterizado a la marca de Coventry. Listo, ahora a dejar la llave inteligente en la consola, darle al botón de Start/Stop y poner Drive con el toque de un botón perfecto al alcance de la mano.

¡Arre Leaper!

Me advierten que tenga cuidado con el pedal del acelerador, una recomendación coherente considerando la respuesta característica de los motores eléctricos. En el caso del Jaguar I-Pace, estamos hablando de dos motores que juntos producen 395 caballos de potencia y 512 libras-pie de torque. Toco el acelerador delicadamente y el I-Pace se pone en movimiento con igual delicadeza, impulso suficiente para navegar la zona residencial en la que estaba. Una vez salí a la Avenida 19, pude exigirle un poco más y la respuesta fue inmediata y contundente: los espacios entre un semáforo y otro se acortan con un movimiento silencioso. Podrá pesar más de 2.200 kilos, pero, al acelerar, la masa del I-Pace es solo una cifra.

La dirección es suave sin dejar de ser informativa y la suspensión hace un buen trabajo de aislar la gran mayoría de irregularidades. Los únicos huecos que uno siente en el I-Pace son esos que uno solo encuentra en Bogotá y no en cualquier otro lugar del mundo. Otro aspecto destacable del I-Pace son los frenos: maravillosos. Al frenar, como al acelerar, la masa de este SUV es imperceptible. Esto se debe no solo a los enormes discos de 350 mm adelante y 325 mm atrás, sino al sistema de frenada regenerativa. Al soltar el pedal derecho, el I-Pace desacelera con una sensación que recuerda la de un motor a combustión en su régimen máximo.

Así, el I-Pace puede conducirse en trafico casi que con un solo pedal y el freno solo es necesario para frenadas a mayor velocidad. La transmisión automática de una sola velocidad funciona de manera casi imperceptible, algo que disfruté mucho considerando lo torpes e invasivas que son la mayoría de transmisiones automáticas. Después de recorrer buena parte de la 19 y parquear para las fotos que acompañan en este artículo, pude disfrutar del I-Pace en la Autonorte. Lastimosamente el piso estaba mojado y tuve que medirme. Solo digamos que el modo Sport del I-Pace es suficiente para duplicar el limite de velocidad en menos de lo que maúlla un gatito.

Conclusión

Después de una tarde junto a esta belleza llegó la hora de decir adiós. Me monté en mi amado Twincam con los sentidos ajustados todavía a la delicadeza de los controles del I-Pace y su cómodo interior. Camino a casa, me rondaba una pregunta por la cabeza: ¿Me compraría un I-Pace? Una pregunta difícil considerando el precio de $361.900.000 para esta versión HSE. Para empezar, no podría pagarlo con mi sueldo de periodista, pero de poder hacerlo, ¿lo haría? Probablemente no, no porque el I-Pace no lo valga sino porque soy un idiota que solo tiene ojos para chécheres viejos de carreras.

Pero, si me pongo en los zapatos de alguien que está buscando un SUV premium de alto rendimiento, la respuesta es sí. Un SÍ rotundo y en mayúsculas. El Jaguar I-Pace jala duro, se ve y se siente espectacular; roba todas las miradas a donde uno quiera que vaya. No se puede comparar con el Volvo T60 o el Range Rover Evoque, no solo por su precio sino por sus prestaciones. Lo único parecido que se me ocurre ahora es el Jeep Trackhawk y, aunque acelera de 0-100 en 1,3 segundos menos, cuesta casi 200 millones más y ni hablar del consumo de gasolina.

Pero comparar al I-Pace realmente no tiene punto. Un Tesla Model X podrá tener mayor rendimiento, pero no es ni la mitad de bello y dudo que el interior tenga la misma sensación premium. Es una experiencia única, una combinación sin precedentes entre desempeño, lujo, diseño y eficiencia. Tal vez sea eso lo que lo ha hecho acreedor a tantos premios: que lo único comparable al Jaguar I-Pace es…un Jaguar I-Pace.

Precio

  • Jaguar I-Pace HSE: $321.900.000

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