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1964 fue el año del Mustang. Ford ni se imaginaba el impacto cultural que tendría su creación, con efectos que aún hoy en día se sienten. Todo con una fórmula tan sencilla que todos corrieron a imitar: motor grande adelante, tracción trasera y un diseño deportivo. Un grupo de ingenieros vio la oportunidad no solo de mejorar la receta sino causar una revolución en la industria automotriz igual de grande a la provocada por Ford. Esta es la breve historia del Ford Mustang AWD, un pony car como ningún otro.

Todo comienza en 1965, un año después del lanzamiento del Mustang original. No fue idea de Ford aunque posiblemente ellos ya lo habían considerado; después de todo por esos años experimentaron con una absurda cantidad de prototipos fascinantes. Sedanes, shooting brakes, carrocerías distintas, diseño italiano, en fin. También cierto individuo de apellido Shelby ponía sus manos en el Mustang, demostrando que por fuera de Ford muchos veían el potencial de algo más grande que ni siquiera vio la marca.

Una mina de oro llamada Mustang

Entre tantas creaciones, solo Shelby y el personaje de esta historia llegaron tan lejos. Harry Ferguson fue un inventor británico responsable por muchos tractores (Massey-Ferguson) y un innovador sistema de tracción integral. Uno que entró en servicio primero en competencias y hasta corrió en Fórmula 1, ganando una carrera de exhibición en Oulton Park. Ferguson murió en 1961, pero su compañía siguió adelante y cuatro años después, la idea de la tracción AWD en un Ford Mustang era lo único que tenían en mente. En Ferguson creían que su sistema revolucionaría no solo al Mustang sino al mundo, y sería adoptado por muchas marcas.

Todos querían tener un Mustang o una parte de su éxito, pero pocos llegaron tan lejos como este ejemplar de 1965 que a simple vista luce ordinario.

Creado por EE.UU., mejorado por los británicos

Ferguson Research importó dos ejemplares del Mustang V8 a Inglaterra y aplicó en uno de ellos la Fórmula Ferguson 4WD (o FF para brevedad).Esta fue una operación delicada que requería modificar el piso del Mustang al igual que su cárter; ello para acomodar un diferencial de acoplamiento viscoso en el medio y otro en las ruedas delanteras, dividiendo el poder en 63% para las ruedas traseras y 37% para las delanteras.

Solo este detalle transformó al Mustang de un semental rebelde a un potro dócil, sorprendiendo con una entrega de potencia aplomada y una excelente maniobrabilidad en curvas, cortesía de una experiencia predecible de manejo. La transmisión de fábrica se movió para adaptar un eje cardán más corto y Ferguson agregó frenos antibloqueo (ABS) desarrollados por Dunlop, que para 1965 eran toda una novedad en la industria aeronáutica.

El Mustang AWD fue enviado de nuevo a los cuarteles de Ford y sus representantes quedaron encantados. Contrario al Mustang normal que se deslizaba en las curvas si se presionaba, la creación de Ferguson se sentía atlética en curvas, frenaba de forma efectiva a pesar del peso extra y dejó en una nube de polvo al Mustang tradicional.

Un gráfico muy práctico que muestra el chasis del Mustang AWD y los cambios hechos. Detalles que hoy damos por sentados en autos AWD los tenía este Ford hace 6 décadas.

Caballo lleno de sorpresas

Con todos los halagos de Ford usted pensaría que aprobaron su desarrollo en un santiamén, pero no. Se dice que los directivos de Ford, aunque convencidos con la idea, no quisieron tomar el riesgo ni costo adicional que representaba el Mustang AWD. Total, el Mustang convencional con motor de seis cilindros o V8 vende como pan caliente, ¿para qué cambiarlo si funciona?

Imagine por un segundo si lo hubiesen adoptado, Ford tendría la ventaja clara en la guerra de potencia y muscle cars a finales de los sesenta, y Ferguson tendría el mundo a sus manos ofreciendo el sistema a otras marcas. Un Mustang casi causa la revolución que el Audi Quattro sí consiguió 15 años después.

Ferguson intentó vender la idea a General Motors y Chrysler, pero tampoco aceptaron. Al final fue Jensen en el Reino Unido quienes adoptaron el sistema y crearon uno de los primeros deportivos AWD de la historia: el Interceptor FF. Un modelo fascinante pero que tuvo muy poco éxito. Ferguson incluso creó otro Mustang AWD, esta vez un modelo 1970 Boss 351, el cual emergió hace un tiempo por allí.

Quitándole las herraduras pero no la magia

Aquel Mustang 1965, licencia DAC 433C, se retiró con quietud a Inglaterra. Luego sería vendido dos veces y sus dueños lo usaron con gusto, acumulando más de 117.000 km. Pasaría por un par de exhibiciones hasta regresar a su natal EE.UU. a su lugar de residencia actual, el Museo Automotriz de Tampa Bay en Florida. Es que ni a simple vista parece un Mustang extraordinario, pero fue un auto que tuvo en sus manos la llave para revolucionar la industria y no se lo permitieron.

Ah, y si se pregunta por figuras, este ejemplar tenía el V8 289 Windsor con cerca de 271 hp. Con la tracción AWD de su lado, el Ford Mustang AWD pudo destruir a muchos deportivos de la época, convirtiendo la tracción integral en una estampa de todas sus generaciones. Luego vinieron motores más grandes, el 302, 351 y el ridículo Cobra Jet 427 que movía a los Shelby Cobra, y pudieron tener este sistema revolucionario. ¡Todos esos chistes con los Mustang que perdieron el control y chocaron ni existirían!

El Ford Mustang AWD fue, dicho de la forma más cliché, una bestia adelantada a su tiempo.

Genuinamente este Mustang pudo destrozar al Corvette de la época… y un par de deportivos europeos de paso. Historia para algún universo alternativo.
Andrés Suárez
Cine🎬/Fotografía📸/Autos🚗. A veces hablo locuras sobre carros en Fuel Car Magazine.

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