Mercedes-AMG Masterclass
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Dicen que la vida es muy corta, y apenas tenemos tiempo para conocer el mundo. En esa apremiante búsqueda por forjar lazos y recuerdos indelebles que definan nuestro tiempo en la tierra, pocas oportunidades son tan únicas como esta. El Masterclass de Mercedes-AMG es una experiencia tan electrizante, que marcará la forma en la que disfruta un auto a toda velocidad.

Si se lo pregunta, el Masterclass de Mercedes-AMG es un evento organizado en el Autódromo de Tocancipá, reuniendo a crema y nata de la prensa motor en el país; así como fanáticos muy bien versados en el mundo de la velocidad, y clientes de Mercedes-Benz que tienen su ojo puesto en un modelo AMG.

Toda una fila de «Merchos» aguarda. Aunque estos son de exhibición, no son muy distintos de lo que nos espera.

En esencia, es una reunión que, por unas horas, le cumple su sueño de ser un piloto en el circuito insignia de Colombia, al mando de máquinas ágiles, poderosas y agresivas. Todo con la valiosa presencia de instructores prestos a enseñarle la mejor línea de carrera, y las técnicas ideales para sacarle todo el jugo posible a un Mercedes-AMG.

Anticipación en crescendo

Este viaje empieza unas semanas antes, en la base secreta de FUEL Car Magazine, en algún lugar de Usaquén. Mi jefe, de forma directa y entusiasta me da la noticia: “Vas a ir a este evento”. La fecha está clara: 11 de junio. Todo mi itinerario cambia por completo, con anticipación a ese día. No es la primera vez que asisto a un Masterclass de Mercedes-AMG, y espero no sea la última.

Un todopoderoso E 63 S, que lastimosamente no está disponible para girar en la pista. Imagine lo bestial que sería su V8 rugiendo en Tocancipá.

Viernes en la noche, los últimos preparativos luego de volver a la oficina. Portátil listo, celular con datos al máximo, cámara y lentes preparados. Seis de la mañana, salir del norte de Bogotá es una tarea tortuosa, pero la anticipación de rodar con autos que valen más que todas mis posesiones terrenales mantiene los ánimos a tope. Eso y la playlist de metal ochentero que cree la noche anterior, como preludio al momento de la verdad.

Luego de un tedioso pero necesario registro de prensa, estoy adentro. Y fuera de un colega, estoy por mi cuenta. Bienvenidas, desayuno de cortesía, manos que se saludan y aprietan, ánimos cálidos para amenizar esa fría mañana cundiboyacense.

Aquí fue…

Una postal del evento, en donde todos los modelos de AMG se codean de tú a tú.

Los instructores convocan a todos los asistentes a una reunión; primero para dar un breve repaso sobre el portafolio de Mercedes-AMG en el país, con un abrebocas de lo que se viene. Luego prosiguen a darle claridad a la mecánica que tendrá el Masterclass. Frenen fuerte, conserven su línea, sigan las indicaciones de los instructores, busquen el vértice (o apex) de las curvas, modulen la aceleración. Es hora del evento principal, la pista aguarda expectante.

Serán cinco (o seis) giros tras un auto de control, una Mercedes-AMG GLE 53 coupé de donde las indicaciones de los pilotos instructores brotan por el walkie takie presente en cada auto. Estoy en el número 5, un flamante Mercedes-AMG CLA 45 S, todo un monstruo en comparación con los A 35, GLA y GLB 35 que me rodean. Sólo otra GLE 53 y un escurridizo A 45 se equiparan.

No apto para cardiacos

¿Donde firmo para tener uno de estos? El CLA 45 S es definitivamente una máquina que exige ser llevada a fondo.

No exagero cuando le digo que no existe otro deporte extremo en el universo que se equipare a esta sensación. Ser el arquitecto de su propio destino en una máquina de 420 hp y 500 Nm de torque, no tiene comparación. Adelantar está prohibido, y no tengo chance de estirar las piernas de este ágil galgo germano. Pero el estridente sonido del escape y la aguja hacia las 5.000 RPM me invitan a presionar más, y más. Aunque quisiera, cedo ante la falta de espacio y las reglas. En otra ocasión será, CLA 45 S.

Segundo turno, mi carruaje ahora es un GLB 35 más “ordinario”. Muy similar al A 35 que comandé en la primera ocasión. Esta vez encabezo el pelotón, con apenas la guía del instructor, atacando cada curva como si la vida dependiese de ello. Luego de una felicitación, me indican parar y dejar pasar al pelotón. Con más espacio, desato los 302 hp de este ladrillo deportivo, con mucho más agilidad de lo que su peso y tamaño sugieren. Esa sensación de no querer irse, de seguir girando a fondo, pero es hora de volver a la realidad.

Llegó la hora del almuerzo, y de reflexionar sobre esta experiencia, mientras reviso las fotos de mi cámara. Si llegó hasta aquí, luego de las experiencias de un “periodista” como yo que tuvo la oportunidad de manejar máquinas fuera de su alcance y codearse con la prensa que forjó esta pasión automotriz, un evento así es algo que necesita estar en la lista de todos. Sea el Masterclass de Mercedes-AMG o cualquier otro evento en Tocancipá, o un circuito cerrado, no deje pasar la oportunidad. No se arrepentirá, y querrá más y más. Al menos yo me retiro del Autódromo con esa sensación.

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